Install this theme
Teresa de la Parra: Ifigenia

1930

«Mi feminismo es moderado.  Los «nuevos derechos que la mujer moderna debe adquirir» los debería conseguir «no por revolución brusca y destructora, sino por evolución noble que conquista educando y aprovechando las fuerzas del pasado….» Ante su público, la escritora confesaba que no era «ni defensora ni detractora del sufragismo». Es más, parecía detestar tanto «el oficio de políticos,» considerándolo «uno de los más duros y menos limpios que existen,» que decía que le asustaba y le aturdía el reclamo de «que las mujeres tengan las mismas atribuciones y responsabilidades políticas que los hombres».  Los derechos que sí le parecían indispensables eran el derecho a la educación y a la formación profesional y el derecho a la independencia pecuniaria «por su trabajo y su colaboración junto al hombre, ni dueño, ni enemigo, ni candidato explotable sino compañero y amigo». Aclaraba que con «el trabajo,» no se refería «a los empleos humillantes y mal pagados, en los que se explota inicuamente a pobres muchachas desvalidas», sino al «trabajo con preparación, en carreras, empleos o especializaciones adecuadas a las mujeres, y remuneración justa, según sean las aptitudes y la obra realizada».

Obviamente, la autora quería que estas aclaraciones se tomaran en cuenta al leerse su Ifigenia. Entre ellas, hay un pasaje en particular que, a pesar de su extensión, merece reproducirse aquí, en parte por lo que puede contribuir a nuestra lectura del desenlace tan inquietante y controvertido de la novela:

“La crisis por la que atraviesan hoy las mujeres no se cura predicando la sumisión….La vida actual…no respeta puertas cerradas….Para que la mujer sea fuerte, sana y verdaderamente limpia de hipocresía, no se la debe sojuzgar frente a la nueva vida, al contrario, debe ser libre ante sí misma, consciente de los peligros y de las responsabilidades, útil a la sociedad, aunque no sea madre de familia, e independiente pecuniariamente por su trabajo y su colaboración junto al hombre….misticismo, sumisión y pasividad impuestas [sic] a la fuerza, porque sí, por inercia de la costumbre, produce [sic] peligrosas reacciones silenciosas, despierta [sic] el odio a la cadena…y agria [sic] las almas que en su apariencia de paz tomando donde pueden sus represalias, acaban por hacerse sepulcros blanqueados.”

 
  1. abcdelaetiqueta posted this